Sugerido por: Roch
El sencillo detalle que
hipnotiza los oídos,
se apodera con cautela y absurda eufonía
de las sienes abrazadas al replay de un día,
que añora perfumes poco a poco diluidos.
Al desatarse el fuerte nudo en la garganta,
un kamelos es reemplazado por alambres de púa;
en la elocuente tormenta convertida en garúa,
para invertir los motivos que ahora implanta.
Se digiere la impotencia con una copa de calma;
dulce a simple gusto, agria-amarga en las entrañas...
La idea floreciente se sacude y desempaña,
cayendo en pequeños cristales que deshojan el alma.
Y la satisfacción es timada en inconsciente pena,
por dos brillantes ébanos, de luces embriagadoras;
con brillos de bondades oropeladas, estimuladoras...
Del lamento transformado en víctima que se enajena.
se apodera con cautela y absurda eufonía
de las sienes abrazadas al replay de un día,
que añora perfumes poco a poco diluidos.
Al desatarse el fuerte nudo en la garganta,
un kamelos es reemplazado por alambres de púa;
en la elocuente tormenta convertida en garúa,
para invertir los motivos que ahora implanta.
Se digiere la impotencia con una copa de calma;
dulce a simple gusto, agria-amarga en las entrañas...
La idea floreciente se sacude y desempaña,
cayendo en pequeños cristales que deshojan el alma.
Y la satisfacción es timada en inconsciente pena,
por dos brillantes ébanos, de luces embriagadoras;
con brillos de bondades oropeladas, estimuladoras...
Del lamento transformado en víctima que se enajena.

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