Hoy
en medio de un mocaccino
y
un frío de domingo en la tarde,
me
encuentro atinado en desatino,
y con una conciencia que me arde.
Pateo
una piedra con mi bota derecha,
mientras
maldigo al ángel asesino,
que
fijóse ayer en mi destino
y al corazón le lanzó una flecha.
Tiro
mi cigarrillo acabado al río,
pregunto
que sentirá ella ahora,
miedo,
confusión, ira o hastío.
Y
me prendo otro, sin demora.
Yo
me siento tan triste y estúpido,
como
dormido y a la vez tan lúcido,
contando
diez mil pedazos de latidos,
que por su silencio fueron omitidos.
¿Que
hacer ahora? Ha terminado mi café,
pero
no estas ganas de volverla a ver,
Talvez
finja una vez más y más de cien,
que
no pasa nada, que todo esta muy bien.
Pero
cuando la luz vuelva otra vez,
su
oscura sombra sé que extrañaré,
y
al recordar su dulce bella voz,
olvidaré
de ella, el amargo adiós.

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